lunes, 16 de noviembre de 2015

Sobre todo sinceridad

El sábado por la mañana Amalia amaneció en mi cama. Me encanta cuando se viene un ratito aunque estemos apretados, y ella en cuanto se despierta por la noche, que es muy de vez en cuando, se cuela sigilosamente y se pone en una esquinita.

Cuando se despertaron estuvimos jugando en la cama haciendo un poquito el perro. Se me ocurrió preguntarle por la psicomotricidad que hacen en el cole y me explicó lo que hacen.

Este año les han puesto una profe especializada en eso y le pregunté como se llamaba, así que me dijo que Marcela. Como me pareció un nombre de una persona mas mayor, se me ocurrió decirla: ¿qué es una señora mayor?, como una tía mía, y va y me dice: no, mamá una señora mayor como tú. ¡¡Genial!!. Eso me pasa por preguntar.

Un beso. Mañana más y mejor.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Diccionario nuevo

Amalia tiene cinco años y habla muy bien, pero tiene palabras que las dice mal y la verdad que nos hace mucha gracia, aquí os pongo unas cuantas y su traducción.

Tacos: personas que van a hacer mal y a robar a las casas (cacos).
Zumar: papá cuando desaparece está zumando en la terraza (fumando).
Gomitar: últimamente Bruno lo hace bastante por el tema de los mocos, los expulsa gomitando (vomitando).
Micolás: es un amiguito suyo de clase, que en realidad de llama Nicolás.
Mosco: también es un amiguito de clase que se llama Bosco.
George: A Amalia le gustan mucho los sandwiches de jamón george, como el hermano de Peppa Pig (jamón york).

Mañana más y mejor. Un beso.

martes, 10 de noviembre de 2015

Dos mejor que uno

Perdonad este lapsus de días sin publicar, pero como Bruno ha empezado este año la guardería, los virus están muy contentos con nosotros, así que cada poco tenemos a alguno de visita por casa. Estas dos semanas han venido tres: resfriado, conjuntivitis y anginas de las buenas.

Nos ha costado salir de las anginas pero por fin hoy ha vuelto a la guardería y yo a escribiros.

A todas las que tenéis niños, ya sabéis lo difícil que es que te suelten el antibiótico, parece un artículo de lujo o algo así. Esta vez no ha sido menos, con placas, anginas y 39,6 en el hospital, porque cómo no, cayó en fin de semana, me dijeron que tenía placas pero que me esperara a mi médico. Total que al final de una manera u otra conseguí el antibiótico y el lunes cuando fui a mi pediatra me lo recetó de igual modo, aunque eso sí ¡dos frascos!

Como Bruno es tan movido, cogí el oro líquido (antibiótico), mientras le enchufaba su dosis con la jeringa, lo dejé encima de la mesa de la cocina abierto, un descuido tonto que duró menos de dos segundos, lo justo para que Bruno arrasara con la dichosa botellita, derramando el líquido por encima de la mesa. Vamos que si lo intenta hacer a posta no lo consigue. ¡Con lo que me había costado conseguir el brebaje! Menos mal que mi médico me recetó dos frascos, uno para reponer el derramado y otra para la farmacia que me lo fió.

Mañana más y mejor.
Un beso.



viernes, 30 de octubre de 2015

Etiquetas pica pica

Ya sabéis que los niños crecen y crecen, así que cada poco hay que ir comprando uniformes nuevos.
La semana pasada nos tocó, así que el martes Amalia estrenó su chándal nuevo, sudadera, polo y pantalones.

La ropa tiene que ir toda marcada para evitar que se pierda y eso es lo primero que hago, que los uniformes cuestan un congo...

Cuando volvió del cole, la verdad que no me comentó nada, pero cuando se fue a poner el pijama, la pobre viene y me dice: "mamá ya sé por que llevo todo el día con picores" y me enseña una etiqueta gigante que no quité cuando le puse el nombre. ¡Desastre!. menos mal que ella se rió.


Viajecito 2

Como os prometí, voy a explicar el "viajecito" de vuelta Barcelona-Madrid en AVE.
Tal como expliqué, viajaba yo sola con mis dos niños de 5 y un año y medio y con una maleta gigante, porque ya se sabe que con niños es mejor prevenir y pecar de más que de menos. 

Como no sabía cómo me iba a apañar para subir y bajar del tren, llamé a Renfe para que me informaran y me dijeron que no podían hacer nada, que me apañara como pudiera y con la buena voluntad de la gente. ¡Fantástico!, los billetes cuestan un riñón, pero si necesitas ayuda, o eres invidente o vas en silla de ruedas (según la explicación que me dieron en Renfe) o nada de nada.

Me acompañaron a la estación mis familiares y preguntando en la entrada, nos informaron que si íbamos a pedir un permiso, dejarían que Montse y su hijo Marc, nos ayudaran a subir maletas y niños al tren, así que así lo hicimos. Mientras Montse y Marc hacían estos menesteres, yo pasaba el control con los niños.

Conseguido el permiso, bajamos al tren, el revisor (un señor muy muy amable, nos dijo que le esperáramos y la azafata que había, nos hizo subir por un lado del vagón, que fue justo el lado contrario por el que teníamos que haber subido, debe ser que llevaba poco tiempo y no sabía la numeración porque si no, no lo entiendo), no podíamos esperar más por que el tren estaba a punto de salir, así que entré yo primero con la niña y la acomodé justo en el lado contrario y le dije quédate aquí que vengo ahora mismo. Mientras me crucé por dentro otra vez el vagón. No se podía acceder con el carro del niño, por que como todo el mundo sabe, esto es España. Con esto quiero decir, que la gente dejó las maletas en mitad del pasillo tiradas y había un mogollón, con lo que era casi imposible acceder ni siquiera andando y claro no se podía quedar allí el carro. Pensamos bajar por fuera y entrar por la otra puerta pero no había tiempo, así que decidimos pasar el carro por encima de los asientos. Creerme que aunque sea descabellado era la única opción.

Montse por un lado, yo por otro y el niño encima. Un circo. En ese momento pita el tren. Como la gente me vio tan agobiada una señora y un par de señores que había, me dijeron; coge al niño y nosotros pasamos el carro. Tranquila que entre todos lo hacemos, y que ella se baje.

A Montse le dio tiempo a bajar por que su hijo Marc estaba bloqueando la puerta y el tren no podía arrancar, sino, se hubiera bajado en Zaragoza.

Conseguimos pasar el carro y acomodar a los niños, fue tal el lío que se montó que pedí perdón en alto a todo el vagón y por supuesto di muchas gracias por que no se sabe cómo, siempre hay alguien dispuesto a ayudar al de al lado. Quedan o mejor me incluyo, quedamos pocos, que prestemos ayuda aunque afortunadamente aún hay alguno.

El resto del viaje, fue genial. Bruno se durmió en menos de cinco minutos y Amalia fue viendo una peli.

Cuando llegué a Madrid una mujer muy guapetona de mediana edad, me dijo: "¿vienes sola?", yo le dije que sí y me dijo: ¿quieres que te ayude? Le dije tardo un poco por que esperaré que salga todo el mundo. Ella me miró y me dijo: "tranquila te espero abajo, cuando bajes yo te ayudo sin problema". No sólo eso, sino que como la maleta la tenía en el otro la do del vagón, se quedó en el andén esperando con mis hijos hasta que bajé la maleta. Se lo agradecí muchísimo.

Una vez abajo, vino un chico de Atendo Renfe, muy majo y me ayudó con la maleta hasta que llegamos fuera que estaba mi marido. Ya no era necesario porque con una mano me apañaba, pero aun así lo hizo. Gracias a todos esos que ven las necesidades de los demás y se ponen en el lugar de los otros.

Mañana más y mejor.
Un beso. 

 

martes, 27 de octubre de 2015

"Viajecito" a Barcelona

La semana pasada estuvimos de visita en Barcelona viendo a la familia. Lo hemos pasado muy bien y hemos visto sitios que pensé que no veríamos, por ejemplo, las urgencias de Sant Joan de Deu.

Empiezo por el principio. Llegamos el jueves a Barcelona a un premio que le daban a mi suegro. Estuvo muy bien, la verdad y muy emocionante. Yo como soy de lágrima muy fácil, y además le quiero mucho, pues es un cóctel perfecto para no parar de llorar. Después del premio fuimos a cenar con los amigos y compañeros del abuelo, y por supuesto los niños también vinieron, así que ese día estaban agotados y eso que nos acostamos tarde.

Por la mañana Amalia no tenía muchas ganas de desayunar y estaba un poco plastita con todo, pero bueno, quedamos con el abuelo y nos fuimos los cinco a comer; el abuelo, Amalia, Bruno, Montse que es la madrina de mi hija y "nuestra casera", y yo. Mi marido se había vuelto a Madrid a trabajar.

En la comida Amalia no tenía mucha gana, así que le costó meter comida para adentro. Mucho menos le costó sacarla, que de una arcada, salió todo disparado en el plato del restaurante. ¡Lo peor de tus pesadillas!

Volvimos a casa y la tarde la pasó bien. Merendó y cenó fenomenal, pero por la noche: fiebre. ¡Genial! y decía que le dolía la garganta. Como Bruno dejó las anginas el miércoles, pensé que sería lo mismo y me acerqué a urgencias de Sant Joan de Deu a ver si caía el antibiótico, pero no. Le hicieron una prueba y dio negativo, así que para casa y a aguantar vela. Afortunadamente no volvió la fiebre. Eso sí, nos quedamos sin ir a comer a la Barceloneta.

Comimos fideguá en casa y el postre que era un brazo de gitano, Montse se lo dio a Amalia para que lo llevara a la mesa, con tan mala suerte que se le resbaló y aterrizó en el suelo. Un poema, la cara de Amalia. Aún hay alguno que si se acuerda, se sigue riendo.



¡Ahh! Lo que si empezó fue la diarrea después de comer. ¡Genial! Menos mal que fue poco la verdad, así que pudimos ir a jugar con unos amigos que tenemos del verano, que viven en Barcelona y prometimos visitarlos cuando volviéramos.

El domingo por la mañana parece que amaneció todo mejor. Los niños estaban bien y no había rastro de fiebre ni diarreas. Menos mal porque tenía que coger el AVE con los dos niños, el carro y la maleta, pero eso os lo cuento en otro post porque también tiene tela marinera.

Bruno todo el viaje fue un cielo.

Mañana más y mejor.

Un beso.

miércoles, 21 de octubre de 2015

El castañazo

En la guarde de mi hijo han hecho la Fiesta de la Castaña. La verdad que estuvo muy bien, había comida, bebida y un montón de juegos.

Bruno y Amalia en un principio estaban interesados en la merendola, así que estuvimos merendando los cuatro juntos con los amiguitos que había en la fiesta, pero pronto los niños descubrieron un arenero que había al fondo, así que Amalia decidió hacer formas con la arena y a Bruno se le iluminaron los ojos cuando vio que había motos correpasillos para subirse.

La verdad que las motos eran bajitas y él llegaba perfectamente al suelo, pero mala suerte que se resbaló con la arenita que había por fuera del arenero, y cómo no, aterrizó con la cabeza. ¡Aún no entiendo por qué los pequeños no ponen las manos cada vez que se caen!. Como dice mi marido: "a este niño le pesa mucho la cabeza" y como dice mi hermano: "es que aún no le han crecido los huevos". Resultado: una herida en el lado derecho de la frente. En principio no ha sido nada, aunque claro, está como un Cristo, lleno de golpes por todos los lados.

Total, que fuimos a la Fiesta de la Castaña y la Castaña se la llevó mi hijo.

Mañana más y mejor.

Un beso.


Por cierto, el mando de la tele lo damos totalmente por perdido. No aparece ni vivo ni muerto. Menos mal que mi hermana nos ha prestado uno, porque lo que son facilidades por parte de Movistar nada de nada.